Hamburguesa vegetal de otoño: mijo, calabaza, pipas y salvia.

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Lo de hacer hamburguesas vegetales tiene sus riesgos. Es difícil conseguir la justa medida en la textura, para que no queden ni tan secas que necesites un litro de agua para que pasen o tan blandas que al darles la vuelta se te rompan todas y al final parezcan un revuelto de no sé sabe bien el qué…. En este último caso yo he optado por una técnica que nunca falla: hacerlas al horno. La sartén siempre puede resultar un engorro si se te pegan, tienes que hacer varias tandas y necesitas estar presente todo el rato. El horno te deja libertad de movimientos para terminar de poner la mesa y preparar los acompañamientos. Pero lo más importante es que te aseguras de que se van a dorar bien por fuera sin resecar el interior. Para eso es importante que la masa esté húmeda y lo suficientemente blanda para que al hacer la hamburguesa, mantenga la forma. Aquí siempre hay que usar las manos ligeramente humedecidas con un poco de agua. También es importante que el horno esté fuerte. En este caso todo está cocido así que el interés del horneado es únicamente crear esa costra que hará el contraste con el interior.

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En caso de que te quieras ir organizando un poco tu stock de productos «homemade» en el congelador, esta receta es perfecta. Con la cantidad de masa que os propongo comimos dos adultos y un niño y con las que me sobraron en crudo hago lo siguiente en vez de envolverlas en plástico una por una: las pongo en una bandeja o un plato con papel sulfurizado sin que se toquen entre sí y las congelo. Cuando estén duras, las meto en bolsas de zip y las vuelvo a meter al congelador. Así las tendrás siempre listas y podrás sacar las que necesites en función de cuantos seáis para comer.

La masa además, mejora de un día para otro, así que el día que tengas más tiempo para cocinar, puedes preparar la cena que vayas a tomar esa misma noche y dejar la masa de las hamburguesas lista en el bol tapado para la cena del día siguiente. Es lo que se llama, optimizar el tiempo en la cocina, cocinar una vez para varios días.

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He de reconocer que la idea de esta asociación de sabores me vino, porque este verano un conocido mío estaba muy flojo del estómago. Y preguntándome que podía comer, le propuse cosas que fueran bien digeridas por el estómago y el mijo es un buen compañero digestivo, para cambiar del omnipresente arroz, además de ser un cereal altamente alcalino a diferencia del resto de los cereales. Contiene mucha fibra, minerales y ayuda a limpiar el intestino. Consultando uno de mis manuales de nutrición, leí que sus virtudes estomacales se disparaban si se asociaba con calabaza. Tenía receta. Podía ser una sopa de calabaza con mijo, o algo tipo pilaf  o incluso tipo polenta y la calabaza salteada, pero decidí hacer una hamburguesa porque el mijo hace que la masa se mantenga unida con facilidad sin necesidad de añadir huevo, algo que en este caso era importante porque mi amigo no los consume. Y la salvia….que es muy amiga de la calabaza a nivel gustativo, vino sola, eso sí, aportando no sólo su sabor, sino todas sus propiedades, que entre muchas otras, destacan las digestivas!…vamos que podemos decir que estamos jugando con «el trio dorado» estomacal.

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Espero que la disfrutéis,  porque está buena incluso fría al día siguiente!

 

 

Ingredientes (para 9 ud)

330 gr de mijo

1.100 gr de calabaza pelada

1 tsp de sal

20 hojas (5 gr) de salvia fresca

2 tbsp de ghee o aceite de coco

1 cebolla mediana picada

1 tsp de comino molido

1/2 tsp de ajo polvo

1 tbsp orégano

2 tsp de sal

100 gr de pipas de girasol

1 tbsp de salsa worcestershire (opcional)

2 tbsp de lino molido

30 gr de copos de avena

Preparación

  1. Trocea la calabaza en cubos de más o menos 1,5 cm. Ponla en una fuente de horno junto con la sal (1tsp), la cebolla picada, la salvia y el ghee. Hornea 25 minutos, removiendo de vez en cuando.
  2. Mientras, pon en una olla al fuego abundante agua con sal, lava el mijo en un colador, y cuando el agua empiece a hervir cuécelo 17 minutos. Escúrrelo y pásale agua fría para cortar la cocción. Reserva.
  3. Tritura los copos de avena y 70 gr de las pipas de girasol. Yo esto lo hago en un molinillo de café que SÓLO uso para especias o pequeñas cantidades de semillas (NO CAFÉ). Os recomiendo compraros uno porque son baratos y prácticos.
  4. Ponlo todo en un bol grande, junto con el resto de los ingredientes.
  5. Mézclalo con las manos apretando ligeramente cada vez, pero sin llegar a deshacer por completo la calabaza.
  6. Déjalo reposar al menos cuatro horas en la nevera.
  7. Para cocinarlas, enciende el horno a 225ºC. Saca el bol de la nevera y prepara otro pequeño con un poco de agua, además de una bandeja de horno con papel sulfurizado y un poco de aceite. Con este último "pinta" la hoja (yo lo hago con la mano) para que la grasa dore bien la hamburguesa. Humedécete las manos y vete formando las hamburguesas con una separación de 3 cm entre cada una. (Si no las vas a hacer todas, reserva lo que te sobra y fórmalo más tarde). Pon un poco más de aceite encima de cada una y hornéalo 40/45 min. A la media hora, dales la vuelta con una espátula con mucho cuidado y deja que se terminen de dorar por el otro lado. Deben quedar doradas y crujientes por fuera y blanditas por dentro.
  8. Disfruta!

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